YO NO QUIERO SER UN MIKOBOY

Alguien se acuerda del Mikoboy? Ayer me topé con él en internet. Aquel helado de los ochenta con cara de payaso y cuya nariz era una bola de chicle. De niña me comí muchísimos de esos. No era uno de esos helados que pidiera porque fuera uno de mis favoritos, al contrario: era el típico helado segundón con el que me conformaba cuando no quedaba el que me gustaba de verdad.

Lo que me sorprendió al verlo fue darme cuenta de que me había olvidado de él por completo. Lo había desterrado de mi memoria durante casi dos décadas y, de pronto, volvíamos a estar frente a frente, yo veinte años más vieja y él luciendo la misma sonrisa bobalicona.

Eso me hizo pensar en la cantidad de cosas que olvidamos. Ya sean objetos, instantes, lugares, voces, olores, personas… Esas cosas que se van a ninguna parte, muy lejos de nosotros, sin dejar rastro.

Hice memoria. Solo fui capaz de recordar el nombre de ocho o diez helados de cuando era niña. Y eso que yo (lo confieso) era una auténtica friki de los helados. Me sabía de memoria todas las colecciones de Frigo, Miko, Nestlé, Alacant…

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¿Por qué recuerdo los que recuerdo? ¿Por qué he olvidado todos los demás? Esa reflexión me llevó a una frase que me encanta de Maya Angelou: “He aprendido que la gente olvida lo que dijiste, y que la gente olvida lo que hiciste, pero la gente nunca olvida cómo los hiciste sentir”.

Por qué olvidamos lo que olvidamos. Por qué recordamos solo un pequeño porcentaje de lo que vivimos. Esa es la gran pregunta. Creo que Maya tenía razón. “La gente nunca olvida cómo les hiciste sentir”. A mí el Mikoboy nunca me hizo sentir feliz. Tampoco me hizo sentir desgraciada. Simplemente me dejaba indiferente, electrocardiograma plano, sin emoción palpable, ni en positivo ni en negativo… Seguramente por eso lo olvidé.

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Esto deberíamos aplicarlo a todo, empezando por el amor y terminando por el marketing, que en ocasiones y aunque parezca imposible, cuando este último está bien hecho tiene mucho que ver con el primero.

Hagamos cosas, acciones, eventos… que nos hagan sentir de una forma especial. Merezcámonos que hagan cosas por nosotros que nos hagan sentir de una forma especial. Hagamos sentir a los demás de una forma especial. No nos limitemos a vivir o crear momentos diseñados para caer en el olvido.

No convirtamos nuestra vida (o nuestra marca) en un Mikoboy.

Con esa filosofía nace también este blog. Con la enorme ilusión de un equipo unido y con la firme convicción de no ser un Mikoboy. Al menos aspiremos a ser un Frigo Pie, que la vida cuando es de color rosa mola más, ¿a que sí?

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PD: Por si hay más frikis de los helados en la sala, mi helado favorito era el Superchoc. ¿El tuyo? ___***___

3 Comentarios

  • Paula dice:

    El Mikoboy era mi favorito, me encantaba su sombrero de puro chocolate, y el sabor de esa nariz de chicle tan sabrosa, pero la mujer de la tienda nunca lo solía traer. Sin duda el que más feliz me hacía, y siempre recordé con cariño de cuando más pequeña era.

  • Carmen dice:

    Pues a mi me parece un símil muy básico y mal planteado que parte de la egocéntrica idea de que todos somos iguales y a todos mos gusta lo mismo

  • Nos ha encantado el post! Y totalmente de acuerdo, yo he recordado al haberlo visto que ese helado existía pero era más bien sosito. Es una metafora buenisima de verdad.
    Mchsima suerte con el blog!!!

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