LO IMPORTANTE ES EL CAMINO

Nunca tuve la curiosidad de hacer el Camino de Santiago hasta que una amiga, Cristina Yanes, me animó a unirme a un grupo que ya había realizado muchas etapas, es decir: unos expertos. Y yo me preguntaba, ¿por qué se autodefinen así? Pues porque en el Camino se aprenden muchas cosas. Uno no sabe lo que se va a encontrar y hay que estar preparado. Como por ejemplo, untarse los pies con vaselina para evitar las ampollas. ¡Gracias a quien me la prestó, me salvé de volver coja!

Tengo que deciros que es lo mejor que he hecho en mucho tiempo. Siempre se pasa, frío, calor, lluvia torrencial (a nosotros, nos sorprendió sin esperarlo) y mucho polvo. Todo depende también de las etapas que elijas. ¿Lo mejor? La gente que te encuentras por el Camino, no solo los que te acompañan te sorprenden sino también la gente que te cruzas.

Que tonta fui pensando que como yo no necesitaba hacer penitencia de nada no era para mí. Pero, ¿cómo que no? ¡Si soy la mujer mas imperfecta del mundo y tengo mil cosas que arreglar de mi vida y con los demás!

En el Camino de Santiago, todas las historias son siempre un aprendizaje. Aun así, sin mochila al hombro (gracias a Esteban Rivas que más que autocares parecen los first class de Fly Emirates), tuve mi penitencia, que fue un golpe de humildad tan necesaria como el comer. A los que no cargamos 40 kilos en la espalda llevando mochila nos llaman “andarines”, pero os aseguro que aunque seamos todos distintos, todas las personas buscamos lo mismo: la felicidad. Aprendamos de los demás que la vida es un camino muy largo lleno de aventuras. Yo, desde luego ya me he enganchado y mi meta será llegar el 2021 a Santiago mas feliz y mejor persona.

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A Dios pongo por testigo… Que quiero hacer el camino… CONTIGO

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