LA FELICIDAD DE LAS REDES SOCIALES

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Eran la pareja más famosa de Instagram, pero en realidad estaban muertos. Todas las imágenes que colgaban en esta red social de su idílica vida en las playas de medio mundo eran una patraña manejada por alguien interesado en que ellos continuaran existiendo. Pero ellos, aunque nadie pudiera imaginarlo, llevaban tiempo enterrados en un desierto de Estados Unidos… Con esta apasionante historia me levanté hace unos días. Nunca había visto las caras de Jay Alvarrez y Alexis Ren, pero me fijé en varias de las fotografías que ilustraban su trágica historia y me entusiasmé. Era la mejor metáfora que había encontrado hasta la fecha de la felicidad-infelicidad en las redes sociales. Era solo una ficción (en realidad no están muertos), pero es perfecta. Y lo es porque cuando lees esta historia te asombras de lo increíblemente real que podría haber sido. Y porque, a una escala mucho más pequeña, ocurre todos los días a nuestro alrededor.

Ocurre cuando a una chica la deja su novio y empieza a colgar como loca selfies ultrasonrientes con su pandilla. Para que la trama sea perfecta, en este tipo de fotos es conveniente que haya un sujeto desconocido y atractivo que la mira con ojitos (ya se encargan las buenas amigas de sobornar al tío bueno de la discoteca para que esto ocurra). A los pocos segundos de subir la foto a Facebook para que la vean su ex y los amigos de su ex, a nuestra chica le entrará una llorera monumental, se pasará el resto de la noche encerrada en los baños y, al día siguiente, domingo de resaca, sentirá que el mundo se acaba. ¡Pero da igual! En su muro de Facebook aparece feliz, rodeada de amigos y coqueteando… Ha sido una gran noche.

Sí, esta manipulación se da cada día en las redes sociales. Ya ocurría antes cuando solo vivíamos en el mundo analógico ­ ­–recordad la famosa frase que se escucha tanto en informativos: “Parecía un hombre encantador y muy educado”­–, pero desde que Instagram y Facebook han entrado en nuestras vidas nuestra necesidad de aparentar ha amplificado su alcance y se ha vuelto más necesaria que nunca. Para muchos se ha convertido en una droga. Quizá ahora se nos pueda conocer más, no por lo que mostramos en nuestras redes sociales (que siempre estará de una forma u otra manipulado), sino por aquello que elegimos no mostrar.

Cuando te dedicas al mundo de la comunicación observas estos comportamientos de una forma más minuciosa si cabe. Es el poder de la “percepción”, que marca la diferencia entre lo que eres realmente y lo que los demás creen que eres. Esa “percepción” es sobre la que siempre ha asentado su razón de ser el mundo de la publicidad. Tampoco es nada nuevo. Que se lo digan a Don Draper. Solo que ahora su alcance es mayor. Las reglas de juego se han multiplicado, al igual que las posibilidades.

El problema no está en que las redes sociales conviertan a las personas en “productos”. Es decir, que uno deje de ser alguien (persona) para convertirse en algo (marca personal). El problema radica en que permitas que tu precio (tu autoestima) lo marquen el número de “me gustas” que consigas con tu última foto.

He leído en varios sitios que, desde que existe Facebook, vivimos un mundo dominado por esa percepción, en el que no está permitido llorar, solo reír. Y así nos convertimos en esclavos de los grandes días, los buenos momentos, los instantes mágicos. Un mundo en el que los malos días no existen. Y si existen, no se cuentan. 

A mí no me gusta ser apocalíptica. El mundo se ha vuelto más complejo porque ahora jugamos en varios campos, pero no creo que se haya vuelto más oscuro por necesidad. Y si no, coged cualquier álbum familiar de los de antes y a ver si encontráis alguna foto, en color o en blanco y negro, en la que se vea a algún familiar triste. Son todo sonrisas. Grandes días, buenos momentos, instantes mágicos. Igualito que en Facebook, ¿no?

Quizá, en el fondo, el mundo no haya cambiado tanto. De todas formas, y para terminar, tengamos muy en cuenta esta frase e intentemos, por pura prevención, situar nuestra identidad justo en el equinoccio de estos dos extremos:

Nadie es tan feo como su foto de DNI ni tan guapo como su foto de perfil de facebook.

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